30 de Marzo de 2016, 05:44 PM

Hoy entrevistamos a… José Querol, el señor de los licores

"Al whisky ni hielo, ni agua"

Con José Querol podría uno tirarse hablando toda la tarde y parte de la noche y quedarse corto. Y no sólo de licores ya que es de los mayores expertos de Catalunya y asesor de distintas editoriales; también podría hablar de fósiles pues cuenta con la mejor colección privada de Europa, o también de la Guerra Civil de la que está escribiendo un libro sobre los efectos de la barbarie en el pueblo paterno, Villores de Castellón.

Licores

Pero esta vez José me descubre el fascinante mundo de los espirituosos y macerados en su casa de la Creu de Barberà, donde atesora miles de botellas de todo tipo y contenido. Todas las ha probado, aunque como catador profesional «hay ciertos destilados que conviene que no tome o me perjudicaría el paladar durante días», me explica mientras me muestra un botellín con una calavera amenazadora «Es Naga Chili Vodka con 500.000 scovilles», señala y me da a probar con el corcho una sola gota de ese líquido infernal. ¡Me hierve toda la boca!.

José empezó a introducirse en los licores hace treinta años «Visité las bodegas carmelitanas de Benicarló y quedé admirado. Entonces había hasta treinta barricas con distintos licores diferentes. Ahí decidí comenzar a aprenderlo todo», explica mientras dispone en una mesa varios vasos de chupito que iré probando durante toda la entrevista.

Querol es una persona muy ordenada y metódica en todo lo que hace. Tiene los licores clasificados en estanterías: patxaran, tequila, ron, ginebras, vodka, vermut, whisky, digestivos… y un apartado de raros como la mamajuana dominicana con efectos afrodisíacos «la que funciona de verdad», o la absenta auténtica «la que lleva el saltamontes», señala.

"El mejor es el Gran Marnier"

Pero cuando le pregunto cuál es el mejor licor en su opinión profesional lo tiene claro: «El que más me gusta es el Grand Marnier».

—¿Pero es un licor ya un poco en desuso?—

«No te equivoques. Es uno de los mejores que existen con una gran cantidad de sabores y matices. Todo depende de su añada y conservación. Por ejemplo, el Cuvée Du Cent Cinquentenaire que a medida que lo tomas van apareciendo los sabores complejos». — Me enseña a catarlo — «Ahí está la naranja y después cognac de champagnes raros» explica paladeando.

De este licor tiene una amplia gama, aunque destaca una joya: el que se hizo para la boda de la princesa Lady Di y el príncipe Carlos de Inglaterra en el 1981.

La entrevista se va convirtiendo en una master class con tragos de uno y otro licor: El mejor patxarán, Belasco con una nota de 9,5 sobre 10; los tequilas Clase Azul Plata el mejor del mundo del año 2015 y el Juan Cuervo reserva especial, totalmente diferentes; el vino Pajarete Solera 1851 de Tarragona, que ya no se encuentra, o el brandy y el anís de la firma Segarra de los años 60 de una bodega ya desaparecida pero que son de los mejores del mundo…

Ni agua ni hielo

Chupito a chupito llegamos al apartado de whiskys y ya comienzo a sentir la euforia de los diez primeros lingotazos. (Todo sea por la ciencia).

El whisky es un mundo aparte. Según José no se le puede añadir agua ni hielo «perjudicaría al sabor». En su lugar Querol utiliza unos pequeños dados de granito que guarda en un congelador y que conservan muy bien el frío. «Los hay también de aluminio que aún son mejores», afirma.

Voy catando desde un whisky tan dulce, Reserva especial Macallan, que llega a ser empalagoso, hasta un imposible y seco X4 Quadruple Destilled.

José descubre matices donde yo sólo acierto a notar como mucho el aroma a turba. Yo pensaba que los whiskys escoceses era los mejores, pero según el experto, «Ahora los japoneses han superado a los escoceses e irlandeses que se han acomodado. Les han superado de largo», asegura.

Probamos ahora el que está catalogado como el mejor whisky del mundo: es el Yamazaki 12 años y «En mi modesta opinión el Nikka Whisky, (una botella que recuerda a los antiguos frascos de las apotecas), será el mejor del año 2016», sentencia.

Probamos gran variedad de whiskys aprendiendo la diferencia entre uno y otro. El Octomore, el escocés por antonomasia, el Glenmorangie Legends que fue el número 1 del 2014… 

El último chupito es toda una rareza, una botella envuelta en una especie de camisa de paja. «Es un whisky que ha sido curado durante 100 años bajo el hielo del Ártico. Es el Shackleton que ha pasado su vida a 30 grados bajo cero».

En cambio, mi cuerpo ha entrado en calor hace ya rato y tengo una sonrisa de oreja a oreja. Brindo con él y por él, calculo que es la copa número 17 que he tomado en las dos útlimas horas y pienso que José Querol es mi mejor amigo del alma. (¡Hics!) 

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